lunes, 25 de junio de 2018

DOMINGO 13. T.0. 2018. DIVINIDAD DE JESÚS.

El domingo pasado-domingo 12 del T.O.- Celebrábamos la Natividad el Bautista, que prevalecío sobre la liturgía del domingo, hoy retomamos con el domingo 13.
 Al recordar al Bautista, recordábamos la figura singular del Precursor, Precursor¿ de quien? ¿ deque? Precursor de Jesucristo, Hijo de Dios y de qué, de el anuncio de la salvación.
 La Palabra de Dios es muy importante para los de entonces y para los de todos los tiempos, pues el Evangelio es para siempre y para todos, hoy se  nos narra dos signos, dos milagros: la curación de la hemorroísa y la resurrección de la hija de Jairo. Lo cual demuestra la divinidad de Jesús que cura la enfermedad y que nos devuelve la inmortalidad, pues para esto nos creó, para ser inmortales y lo somos, gracias a DIOS. Nosotros, como seres humanos, somos frágiles, somos limitados, tenemos un fin en este mundo, no vamos a estar aqui para siempre, todo lo de aquí es transitorio, temporal. Jesús supera todo la enfermedad y la muerte. Ambas realidades son dominadas por Jesús, porque es el Hijo de Dios. El Hijo de Dios se abaja, se humilla por nosotros para salvarnos.
Jesús-HIJO DE DIOS- con su vida,pasión, resurrección,ascensión nos devuelve al destino primitivo: SER INMORTALES, ESTE ES NUESTRO DESTINO. Dios creó al hombre para la inmortalidad y, así lo demuestra Jesús en el Evangelio resucitando a la hija de Jairo. Nuestro destino es vivir, no el morir-aún cuando tengamos que pasar por la muerte:cerrando la puerta de la vida presente y abriendo la puerta de la vida eterna en gloria de DIOS; La muerte es una realidad de nuestra existencia, es un paso necesario, un nacimiento a la vida eterna junto al Señor de la vida, del amor, de la misericordia, de la felicidad, de la gloria del SEÑOR. La muerte no es criatura de Dios, la muerte no sale de Dios( que VIDA) Sale como consecuencia del primer pecado de la cabeza de la humanidad y pasa a toda la descendencia, como heredada. Todos pecamos, luego todos morimos. Jesús pasó con su vida, pasión, muerte, resurrección, ascensión nos ganó la vida, la resurrección, la victoria para nosotros, desde entonces, la inmortalidad late ya en nosotros los discípulos de Jesús. Resucitando Jesús nos dio vida eterna; al resucitar nos aseguró la vida eterna.
 Los dos milagros que nos ocupan en este evangelio nos manifiestan de sus protagonistas: la hemorroísa y la hija de Jairo la fe, la confianza en Jesús.La enfermedad-muerte a plazos de la hemorroísa y la muerte real  de la niña.Lo que cabe destacar es la fe y la confianza de la enferma y de los padres de la niña muerta. El mismo Cristo alaba la fe de la mujer y de los padres."Tu fe te ha curado" y a Jairo le dice: " No temas,basta que tengas fe. Ambos miran a Jesús más allá, mucho más allá de la realidad terrena. Ven al HIJO DE DIOS QUE NOS SALVA, NOS LIBERA DE LA ENFERMEDAD Y DE LA MUERTE ETERNA. Sería algo muy importante que viendo lo anterior, miremos ¿ Cómo es nuestra fe? Esa fe que nos mueve a creer en otro( Jesús), a confiar en otro en Jesús, en su Palabra,...
 Cuando pensamos tenerlo todo controlado, bajo dominio nustro, debemos apearnos de esas altura y confiar en que DIOS CUIDA DE NOSOTROS, TIENE UNA PROVIDENCIA ESPECIAL SOBRE SUS HIJOS. DEJEMOS NUESTRAS SEGURIDADES Y PONGAMOS NUESTRAS FUERZAS EN cristo. Santa María, Madre de Dios y nuestra, ALCÁNZAMOS LA GRACIA DE LA VIDA ETERNA.

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